Cliente:

Privado

Lugar:

Vigo, Pontevedra

Arquitectos:
Arquitectos Colaboradores:
  • Joana Covelo Alonso
  • Jacobo Pérez Castiñeiras
  • Alba Teiga Guzmán
  • Laura Vázquez Seoane
Arquitecto Técnico:

Antonio Arias

Constructora:

Monteromán Construcciones

Fecha

Septiembre, 2018

Sobre el proyecto

Alejandra es una escultora que decidió unir todo su mundo en una pequeña vivienda.

Una vivienda ubicada en esas zonas que las ciudades olvidan digerir, construída, como todas sus semejantes, a golpe de deseo e ingenio, generando un conjunto hecho a base de retales, los retales que en cada momento fueron necesarios.

Habitar en el mismo espacio que se trabaja, siempre supone una reflexión sobre la relación física de ambos lugares, sobre cuánto intoxica el uno al otro.

Este  proyecto se centra en, partiendo de una vivienda base, que la arquitectura ayuda a separar emocional y físicamente ambos lugares. Una planta baja y sótano para el trabajo y una planta alta para el descanso.

La zona de trabajo se trata con la mayor literalidad posible, se dejan vistas todas las instalaciones de la planta superior, los refuerzos que la débil estructura existente necesitaba así como todos los muros originales con sus multiples parches constructivos. La vivienda se hizo así y se seguirá construyendo así, añadiendo capas.

Para dar el fondo necesario para un lugar de trabajo donde es el objeto de creación escultórico el que debe ser centro de la intensidad, se decide abstraer toda esa base material mediante una capa de blanco que, manteniendo a la mirada atenta las huellas materiales, logra evadir fondo para poner el relevancia el trabajo escultórico.

La escultora quería también fusionar su lugar de trabajo, donde se viesen las pruebas, los errores, la suciedad, el proceso,… con una pequeña zona de exposición para aquel visitante que venga. Una pequeña escalera expositiva hecha de hormigón y las vigas recicladas de la vivienda sirven para mostrar esas obras a modo de galería de arte.

La vivienda de la artista sucede despegada del suelo, abajo queda el trabajo con una imagen abstracta y masiva con la piedra y el hormigón pulido del suelo. La vivienda será otra cosa.

Lo primero es que el espacio no sea similar. Se decide eliminar el forjado existente para poder disfrutar de  todo el volumen. Las frágiles cerchas existentes, con sus nuevos injertos serán las que sigan sustentando esa cubierta.

Una minima intervención con un entramado ligero de madera separa lo más levemente posible aquellas funciones que así se desean independizar. El tablero contrachapado de abedul del suelo nos sirve de perfecto antónimo al hormigón pulido de la zona de trabajo.

Este espacio superior se trata deliberadamente como un contraste a la materialidad pétrea inferior, resolviendo con madera de tonos cálidos toda la nueva acción.