Cliente:

Deputación de Pontevedra

Arquitectos:

María G. Ferro + Jordi Castro + Jacobo Domínguez

Fecha:

Febrero, 2010

Sobre el proyecto

Los baños públicos han estado presentes en muchas civilizaciones. Desde la antigüedad, el acto del baño ha estado asociado a la limpieza, tanto del cuerpo, como del alma o espíritu.

Es esta concepción del acto como purificación la que estamos persiguiendo, aquella que invoca a los sentidos y a los recuerdos.

Apelamos a la memoria, tanto a aquellos recuerdos individuales como al sentir colectivo, de modo que rescatamos esas imágenes de nuestras costas, con sus aguas tallando las rocas, evocando una de las relaciones con el agua que, de un modo más directo, tenemos en nuestra geografía.

Así, la textura de la piedra no sólo busca el ser vista, sino ser sentida como parte de la experiencia del baño, algunas serán más lisas, otras más rugosas, otras estarán frías por la sombra y otras templadas por el sol.

Las rocas emergerán del agua, que por su calor, creará una neblina que hará fundir los distintos grises, tratando de evadirnos del medio construido y vincularnos a una experiencia más cercana a lo sentidos.

La arquitectura debe tener la capacidad de afectarnos. Las termas, más allá de ser simples baños, deben transmitir ser lugares de reposo, relajación y curación.

Apelamos a la emoción de ser participes de una relación tan directa entre el agua y las rocas, donde las texturas, los reflejos, y la ausencia de cualquier otro elemento referencial, busca el llevar el acto del baño a un paso más sensorial que meramente físico.

Como decía Walter Benjamin, “el pasado no está detrás de nosotros, sino debajo, subyaciendo bajo nuestros pies, aflorando de vez en cuando”. Así, tratando de seguir esta concepción de la memoria, buscamos y dejamos aparecer aquellos recuerdos de los baños antiguos, de las pesadas y oscuras termas romanas o las nebulosas creadas en los viejos baños turcos.