Castroferro
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Cliente:
  • Privado
Arquitectos:
  • María González Ferro
  • Jordi Castro Andrade
Lugar:
  • Vigo
Arquitectos Colaboradores:
  • Jacobo Pérez Castiñeiras
  • Laura Vázquez Seoane
  • Joana Covelo Alonso
  • Ana Prado Rodriguez
  • Lucía Senlle Hervello
Fotógrafo:
Constructor:
  • Laureano Covelo
Fecha

Abril, 2026

Memoria del proyecto

Gaspar Massó traslada su residencia de Bueu a Vigo a mediados del siglo XX, encargando a Jacobo Esténs (1880–1959) el diseño de un inmueble en la plaza central del ensanche vigués, dentro del proceso de consolidación urbana que experimenta la ciudad en esos años, ligado a su crecimiento económico e industrial.

El edificio, de arquitectura sobria y representativa, pertenece a un momento de transición entre el eclecticismo académico y los primeros lenguajes modernos. La pieza resuelve su condición de esquina mediante una sutil curva entre la fachada principal, orientada al sur, y la calle transversal, construyendo una presencia urbana serena y precisa.

La intervención, situada en el primer piso retranqueado del edificio, parte de la recuperación en la fachada norte de tres ventanas verticales del proyecto original que habían sido tapiadas con el paso del tiempo. La reapertura de estos huecos devuelve a la vivienda una relación directa con la ría de Vigo y nos permite restituir esa condición de edificio que remata las tres orientaciones.

Uno de los principales deseos de los clientes era que la casa favoreciese una forma de habitar compartida, donde poder verse, cruzarse y convivir de manera natural. Por ello, el proyecto se centra en liberar ese espacio central para el disfrute común de la vivienda y elimina cualquier espacio destinado exclusivamente a distribución, forzando que la circulación se produzca siempre a través de espacios habitados y situaciones de encuentro, concentrando junto a la medianera los espacios más íntimos de la pareja y sus tres hijas.

Apoyándose en el ritmo de la estructura original de hormigón, la secuencia de espacios de día se va enlazando de manera continua incorporando, para captar la luz del sur, el frente del dormitorio principal, cuya cama permanece oculta permitiendo que la estancia pueda integrarse ocasionalmente como una pieza más de la zona común.

El dormitorio principal, orientado hacia la Plaza de Compostela, se separa de los tres dormitorios infantiles, situados junto al patio de fachada norte. Esta zona adquiere casi la condición de una pequeña casa dentro de la principal, permitiendo que las habitaciones infantiles puedan funcionar de manera compartida mediante grandes correderas que, abiertas, construyen un único espacio continuo y, cerradas, recuperan la privacidad de cada estancia.

En el centro de la vivienda, aprovechando su triple orientación, se sitúa la cocina y su generosa isla central, concebida como elemento social de la casa. Hacia el norte, la mesa de comedor de roble se previa a la zona de sofás dando frente a las tres ventanas recuperadas, enmarcando la ría como fondo.

Un pavimento de roble en espiga, recordando los suelos originales del edificio, la isla de mármol y una serie de armarios también realizados en roble constituyen prácticamente los únicos elementos introducidos en un espacio que busca definirse principalmente a través de su secuencia de ventanas, sus distintas orientaciones y la presencia del ritmo que marca la estructura original de hormigón.